La aparición de esta alteración ungueal, conocida médicamente como onicosquicia, se caracteriza principalmente por la fragmentación constante de la uña.
Esto se debe a diferentes factores que impiden o dificultan la formación cohesionada de la lámina ungueal (la parte dura y translúcida) y, por tanto, esta se fragiliza.
Como consecuencia, las uñas se muestran rotas en capas y da la percepción de ausencia de crecimiento.
En la mayoría de los casos, la onicosquicia tiene un origen multifactorial y, por tanto, puede deberse a diferentes causas al mismo tiempo.
- Envejecimiento. Tener las uñas frágiles y estriadas es, a menudo, parte del proceso fisiológico del envejecimiento. En ese sentido, es habitual que estas puedan tornarse más blandas y delgadas con el paso de los años y que aparezcan estrías verticales (se extienden desde la cutícula hasta la punta de la uña).
- Deficiencias nutricionales. Unos bajos niveles de hierro (ferropenia) pueden ser también una causa de uñas quebradizas y débiles. Esto se debe a que este mineral es uno de los componentes de la lámina ungueal.
Por la misma razón, la falta de calcio o zinc son otros posibles motivos de la fragilidad de las uñas.
Paralelamente, la biotina (vitamina del grupo B) también juegan un papel clave en su dureza.
A su vez, hay que tener en cuenta que todos estos nutrientes son precursores de la queratina, la proteína que forma mayormente la uña. - Deshidratación. Lavar las manos con frecuencia, sobre todo con agua caliente, puede provocar la deshidratación de la piel y las uñas. Del mismo modo, la sequedad ambiental provocada por la calefacción o la exposición a fuentes de aire caliente pueden favorecer la fragilidad ungueal.
- Sustancias químicas. El contacto directo con productos de limpieza fuertes, tales como detergentes y lejías, puede debilitar las uñas. Por su parte, ciertos ingredientes presentes en los cosméticos empleados en las manicuras o pedicuras pueden ser también causa de uñas quebradizas.Entre ellos, los quitaesmaltes con acetona, los productos para eliminar la cutícula con hidróxido sódico o potásico y los esmaltes o endurecedores con formaldehído.
- Traumatismos. Gestos cotidianos como teclear el ordenador o tocar un instrumento pueden causar microtraumatismos que debiliten la lámina ungueal. También, el uso de un calzado demasiado estrecho, ya que el impacto continuado con la punta del calzado puede fragilizarlas. En consecuencia, las uñas se pueden volver quebradiza o mostrarse rotas en capas.
- Enfermedades. Las uñas quebradizas pueden ser también un síntoma de algunas enfermedades dermatológicas. Por ejemplo, infecciones fúngicas o bacterianas, dermatitis, la psoriasis o el liquen plano. Asimismo, en un pequeño porcentaje, son consecuencia de alteraciones sistémicas o problemas tiroideos.
- Fármacos. Las uñas débiles y agrietadas pueden constituir un efecto secundario de ciertos medicamentos. Entre ellos, algunos antiinflamatorios, dosis altas de vitamina A y los fármacos empleados en los procesos oncológicos.
Esto se debe a diferentes factores que impiden o dificultan la formación cohesionada de la lámina ungueal (la parte dura y translúcida) y, por tanto, esta se fragiliza.
Como consecuencia, las uñas se muestran rotas en capas y da la percepción de ausencia de crecimiento.
En la mayoría de los casos, la onicosquicia tiene un origen multifactorial y, por tanto, puede deberse a diferentes causas al mismo tiempo.
- Envejecimiento. Tener las uñas frágiles y estriadas es, a menudo, parte del proceso fisiológico del envejecimiento. En ese sentido, es habitual que estas puedan tornarse más blandas y delgadas con el paso de los años y que aparezcan estrías verticales (se extienden desde la cutícula hasta la punta de la uña).
- Deficiencias nutricionales. Unos bajos niveles de hierro (ferropenia) pueden ser también una causa de uñas quebradizas y débiles. Esto se debe a que este mineral es uno de los componentes de la lámina ungueal.
Por la misma razón, la falta de calcio o zinc son otros posibles motivos de la fragilidad de las uñas.
Paralelamente, la biotina (vitamina del grupo B) también juegan un papel clave en su dureza.
A su vez, hay que tener en cuenta que todos estos nutrientes son precursores de la queratina, la proteína que forma mayormente la uña. - Deshidratación. Lavar las manos con frecuencia, sobre todo con agua caliente, puede provocar la deshidratación de la piel y las uñas. Del mismo modo, la sequedad ambiental provocada por la calefacción o la exposición a fuentes de aire caliente pueden favorecer la fragilidad ungueal.
- Sustancias químicas. El contacto directo con productos de limpieza fuertes, tales como detergentes y lejías, puede debilitar las uñas. Por su parte, ciertos ingredientes presentes en los cosméticos empleados en las manicuras o pedicuras pueden ser también causa de uñas quebradizas.Entre ellos, los quitaesmaltes con acetona, los productos para eliminar la cutícula con hidróxido sódico o potásico y los esmaltes o endurecedores con formaldehído.
- Traumatismos. Gestos cotidianos como teclear el ordenador o tocar un instrumento pueden causar microtraumatismos que debiliten la lámina ungueal. También, el uso de un calzado demasiado estrecho, ya que el impacto continuado con la punta del calzado puede fragilizarlas. En consecuencia, las uñas se pueden volver quebradiza o mostrarse rotas en capas.
- Enfermedades. Las uñas quebradizas pueden ser también un síntoma de algunas enfermedades dermatológicas. Por ejemplo, infecciones fúngicas o bacterianas, dermatitis, la psoriasis o el liquen plano. Asimismo, en un pequeño porcentaje, son consecuencia de alteraciones sistémicas o problemas tiroideos.
- Fármacos. Las uñas débiles y agrietadas pueden constituir un efecto secundario de ciertos medicamentos. Entre ellos, algunos antiinflamatorios, dosis altas de vitamina A y los fármacos empleados en los procesos oncológicos.


